Derribando los techos viejos de mí mente

   Hace dos años atrás (2010), las comunidades del barrio en donde crecí decidieron mandar los techos viejos de las casas de aquel lugar, y antes de quitarlos tuvimos que colocar nuestras cosas abajo, porque mi casa es de dos pisos. En la parte de arriba están los cuartos (el cuarto que compartimos mi hermana y yo; el de mi hermana mayor y el de mis padres). En la parte de abajo, están lo que es el comedor, la sala de estar el cuarto, la cocina, el baño principal y el cuarto de mi hermano.

    Durante ese proceso, dormimos en la parte de abajo, en el comedor y no solo eso, sino que arreglaron las paredes también y eso fue un momento fuete porque había mucho desorden, había mucha incomodidad, no había privacidad, la verdad fue un momento difícil para mí. 

   No solo el proceso era físico sino interno porque fue un momento en donde Dios empezó de alguna manera a quitar los techos viejos de mi mente y empezó a colocar unos “techos nuevos de mi mente.” ¿Por qué digo esto? Porque Dios me empezó a revelar algo nuevo acerca de Él, algo que yo jamás en mi vida imaginé, ni siquiera de chiste.

    Un domingo, antes de empezar a quitar los techos de mi casa, como cualquier otro, no fui a la iglesia y me quedé en mi casa, estaba dormida, me desperté, y luego volví a dormir; la segunda vez que desperté, sentía una fuerte ganas de besar al Señor Jesús, literalmente quería hacer el amor con el Señor, me lo quería comer a besos, ustedes dirán ¿esta mujer está loca? Pues si me volví loca por el Señor ese día. Recuerdo que ese mismo día le decía al Señor ese día: esta es mi mejor alabanza; esto es lo mejor que tengo para ti, porque de verdad era lo mejor que tenía para ofrecer, tanto así que fue como si hubiese quebrado mi frasco de alabastro, solo que no se si sería aceptado por Dios, y me preguntaba en ese momento ¿será que siento culpa por esto? La respuesta obvia era un simple “NO” porque cuando sientes culpa de algo, tú no te andas preguntando ¿siento culpa porque hice tal cosa mal? NO, la culpa simplemente se siente y ya, no se duda. Después me olvidé del asunto

    Meses después, durante el proceso de colocar los techos nuevos en mi casa; yo estaba en el proceso de buscar una empresa para realizar mis labores como pasante, estaba en la universidad a que se hiciese la hora para entregar mis papeles en la empresa, y como tenía que esperar como 2 horas, y como no tenía nada que hacer en ese tiempo de ocio, empecé a escribir mi biografía (que tiempo después rompí), a cada acontecimiento vivido le colocaba un título y como no podía faltar mi vida como cristiana , y mi experiencia personal con Dios, coloqué un título que decía: “El Espíritu Santo y yo” y muy inspirada yo empecé a escribir mi experiencia personal con ÉL. Para mi sorpresa el Señor me dice: “¿por qué no escribes lo que pasó entre tú y yo ese domingo? Y yo en ese momento le dije: ¿y tú quién eres?, yo no puedo escribir eso porque podría pecar en contra Dios y creo que hasta lo reprendí, pensando que era cosa del enemigo mismo. Pero muy dentro de mí me decía: ¿estás segura de que es el enemigo? Y yo si.

     Después de todo me quedó esta espina: ¿Dios o el diablo?, todos los días despertaba con esa inquietud en mi corazón por saber la verdad. Una noche me armé de valor y se lo pregunté al Señor, y esto fue lo que me dio como respuesta: “tened ánimo, yo soy, no temáis” Marcos 6:50 (leído en un devocional hecho ese día); pero lleno de asombro no lo podía creer y se lo pregunté de nuevo, días después, y estando en un culto que hacen los martes, el pastor leyó este versículo: “cosas que ojo no vio,  ni oído oyó, ni han subido a corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” 1 corintios 2:9; pero dentro de mí había una lucha interna, incluso yo tenía  unos dibujos que había hecho del Maestro y los quemé, pensando que así agradaría al Señor “porque no daré ofrenda que no me duela”, pero Dios un día me cambió ese panorama. Estando en mi habitación meditaba sobre un libro que había leído hace muchísimo tiempo que se titulaba: “Él vino a dar libertad a los cautivos”, libro que se trata de una mujer que era satanista y de cómo se convirtió y fue libre, pero meditaba era en sus prácticas y el Señor me dijo en ese momento: “lo que tu hiciste con esas fotos es un acto satánico” y yo dije: te reprendo, en eso abrí mi biblia en Marcos “¿dónde está tu fe?”, después de eso no volví a quemar esas fotos.

    Hace algunos años atrás, una líder de la iglesia había hecho esta pregunta: “¿cómo hacen las personas para tener bebes?-bueno esperamos a que llegue la cigüeña, contestó uno no queriendo tocar el asunto-¡no me hablen como niños! Replicó la líder muy seria- entonces dijo: “teniendo relaciones sexuales”, respondió-“entonces si ustedes quieren tener hijos espirituales deben tener relaciones sexuales con el Espíritu Santo, que cuando ustedes estén con él, él se excite”, replicó la líder, y yo en lo más profundo de mi ser dije: ¿cómo será posible esto? Y me sonrojaba pensar en esto.

    Años después, cuando estaba en mi lucha, meditaba en esta palabra que soltó la líder y me decía a mi misma: no es posible que uno haga el amor con el Señor si el mundo se ha contaminado de tal forma en esta área que no creo que esto suceda, ¡imposible! Y mientras pensaba en esto y dije nos “hemos contaminado” el Señor me dijo: ¿para que tienes la sangre de Cristo?, que te limpia de todo pecado.” Y en ese momento reaccioné y dije: es verdad, tantas veces han hablado del tema y no pensaba en esto.

    En una célula una muchacha habló sobre que teníamos que romper con cosas que nos aleja de Dios y yo me empeciné con esto otra vez (matar a como diera lugar esta pasión). Recuerdo que la semana siguiente era la “marcha para Jesús” y yo no fui porque me sentí vacilada (primero me dice una cosa y luego otra no entiendo), varios días después le dije al Señor:  el problema no es está afuera, sino adentro de mí, y si no quitas esto dentro de mí, no pasará nada, por más que rompa esas fotos no pasará nada Señor; hasta le dije: si esto no muere dentro de mí, será mejor que me mandes otra vez al mundo de dónde me sacaste y así no me dirás que rompa con esto; prefiero volver al mundo antes que me sigas diciendo “rompe con eso”. Fue una oración sincera. Pero todo era una trampa del enemigo para yo caer en el juego otra vez.

    A los pocos días el Señor me empezó a dar respuestas, por cualquier medio, videos, biblia prédicas y canciones, eso fue toda una semana hablándome del asunto y hasta me dijo: “¿cómo es posibles que tengas el corazón endurecido?” y yo dije ¡uy! Y hasta dudé en orar porque pensaba que ya Dios no me quería ver ni en pintura y en ese momento me dijo: “levántate y sacúdete ese polvo” y allí fue que ore. En esa semana yo tenía un lapicero y la tapa de otro lapicero y yo para probar si la tapa le servía agarre y se lo coloqué al lapicero y vi que no le servía y el Señor me dijo: “vuelve a colocar la tapa al lapicero” y así lo hice y no le servía y el Señor me ministraba con esto lo siguiente: ¿ves que cada lapicero y diseño es diferente? Pues así es con cada persona, a cada quien yo le muestro algo nuevo de mí” y me empezó a dar ejemplos bíblicos de los diferentes personajes y así me decía: “así como cada quien le mostraba algo de mí a ellos, así yo te lo estoy mostrando, esta es una nueva visión”. Esa misma tarde me puse a escuchar música y había una canción que decía: “Espíritu Santo, revélame a Cristo” cuando escuché eso fue como si lo hubieran resaltado con marcador de color vivo, porque en ese momento me recordaba cuando estaba en un servicio y cantaban esta canción y yo lo cantaba y trataba de hacer los mismos pasos que hacía los danzarines, mientras recordaba esto, el Señor me decía: “¿Qué es lo que he estado haciendo? Y me dio este versículo: “y tomará de lo mío y lo hará saber a vosotros.”

    En una oportunidad le pregunté a Dios si yo era idólatra y me lo mostró en un sueño la respuesta: soñé que estaba en mi cuarto y tenía pegado en mi cabecera unas imágenes del símbolo del Espíritu Santo (la paloma blanca), dos fotos de Jesús, en una en donde aparece un hombre arrodillado ante Jesús y otra en donde aparece el mismo hombre arrodillado y jesús colocándole una corona (imágenes que tengo en mi cabecera), y unos Demonios disfrazados de personas de la iglesia me decía: esa idólatra, que tiene esas fotos pegados en su cabecera, ¡que asco! Y yo en ese momento pensé en quitarlos de allí, y tenía mis ojos serrados y los abrí, y en el momento en que los abrí, Dios me habló y me dijo: “epa, pero ya va, su tú no eres una idólatra, porque no estas adorando a otros dioses” y desperté.

    No con esto digo adoren imágenes sino que esto fue un instrumento de Dios para revelarme algo nuevo de Él, que parecía imposible para mi.

   Con esto finalizo yo estando en un ensayo de teatro de la iglesia, un muchacho habló sobre cuando Jesús caminaba sobre el mar y el muchacho dijo lo siguiente: “nosotros, cuando comenzamos una vida como cristianos y vemos los milagros que el Señor hace, al principio nos sorprendemos, pero llega un momento en que uno se acostumbra a eso y ya pareciera que no te sorprende, pero Dios no quiere que tú te acostumbre a ver milagros y ya, Él quiere sorprenderte cada día y mostrarte cosas nuevas” y yo dije wow es verdad. Hay tres niveles que podemos ver en el mar: 1. la parte seca; que es donde todo el mundo está; 2. la orilla; que es donde está los cristianos, y el fondo del mar; que es donde muy pocos se atreven entrar, que era en donde me quería llevar el Señor, a conocer aquellas cosas que no se de Él. Jeremías 33:3

 

 

¿y cuales son los techos viejos que el Señor quiere quitar de tu mente?

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido a corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que les ama”. 1 corintios 2:9

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