En muchas ocasiones tendemos a buscar a Dios en los momentos más tensos de nuestra vida. Cuando nos desviamos del camino y nos ocurren los problemas, usamos pretextos que solos son excusas para no aceptar nuestras desobediencias. Nos quejamos y no reconocemos que la mano de Dios obra en nosotros dentro de la más mínima circunstancia.

En vez de caminar, corremos por la vida acelerando todo el proceso de bendiciones que Dios nos tiene deparado. Todo nuestro horizonte comenzará a aclararse cuando reconozcamos que necesitamos más de Dios y necesitamos cambiar en nosotros mismos para llegar a ser más como El.

Durante este proceso el usará muchas maneras distintas para despertarnos de nuestro contentamiento y suficiencia. Nadie sabe como Dios se moverá en vías a restaurar tu vida, el te conoce y conoce el camino para llevarte, solo quiere que sigas hacia delante y hará todo lo que pueda para lograrlo.

Pero de algo sí estén seguros, Dios no fuerza nadie, en cambio necesitamos rendirnos a su dictado para que su fuego comience a vivir en nosotros.

EL FUEGO DE DIOS

Muchos cristianos llenos del Espíritu Santo han sido bautizados con fuego, hasta cierta medida. No obstante, para muchos ese fuego se ha apagado necesitando que Dios remueva el rescoldo o en algunos casos vuelva a encender el fuego.

Posterior a eso se necesita alimentar ese fuego para ventilarlo hasta que flamee y que Dios comience de nuevo a consumir todos esos desperdicios de nuestra vida y nos refine para servirle efectivamente.

Otros que no han conocido este fuego en su vida necesitan pedir a Dios que les bautice con el Espíritu Santo y fuego. Si consumimos ese fuego de Dios en nosotros entonces encenderemos fuegos para Dios donde quiera que vayamos.

Cuando el fuego de Dios viene sobre nosotros actúa para purgar y purificar como el calor aplicado a un crisol de oro. Lo que sucede es que la inmundicia, la impiedad y todas esas cosas generales que nos atacan y nos impiden nuestro crecimiento Dios las quitará de nuestra vida.

Este proceso tarda tiempo, pero finalmente llegamos a ser santos e inocentes, sin mancha ni arruga. (Efesios (5:27). En resumidas cuentas llegaremos a ser lo que Dios quiere y necesita que seamos. El fuego comienza en nuestro espíritu cuando somos bautizados con fuego por el Espíritu Santo, posteriormente necesitamos ventilarlo hasta flamear por la lectura de la Palabra de Dios y la construcción de una relación con El.

Nuestro creador usará esa llama para calentar áreas de nuestra alma (mente, emociones y voluntad) que El sabe necesitan restaurarse. Debemos pues alentar esa llama y no apagarla o sofocarla por la vuelta a los viejos hábitos malos, o por la alimentación de cosas impías en nuestra vida otra vez (Gálatas 5:16-26) (Colosenses 3:1-10) (Filipenses (4:8).

Amigos, cuando entregamos nuestra vida a Dios, El nos refinará progresivamente hasta que seamos enteramente lo que El quiere. El usará circunstancias, personas, presiones, pruebas y sufrimiento etc, para hacerlo y entonces nuestra vida tendrá el Espíritu Santo y su fuego en todas partes.

Clame por un bautismo fresco en el Espíritu Santo y que el fuego lo convierta en una “antorcha humana” que brille luminosamente mostrando a Jesús para que lo vea todo el mundo. Que se encienda la llama, es hora de clamar para que Su fuego santo venga y encienda nuestros corazones con un nuevo nivel de respuesta ferviente hacia Su amor, abrazando Su ardiente presencia y llevándola a un mundo que necesita desesperadamente conocer a este Dios que tanto le ama.

EDWIN “KAKO” VAZQUEZ
ESCRITOR CRISTIANO

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