Llegamos muchas veces a nuestras relaciones interpersonales, de amistad, noviazgo o matrimonio, con la idea que la otra persona llene y satisfaga lo que nosotros queremos o necesitamos, pero casi nunca llegamos para ver como nosotros podemos llenar, satisfacer o aportar algo a ellas o ellos.

Hace algunos años, Dios permitió que me regalaran una computadora, era algo que había anhelado mucho y que además me servía inmensamente, por lo que aquello me alegro bastante, y no tarde en arreglarla y mejorarla.

Sin embargo, tiempo después, Dios me dio la oportunidad de regalarle una computadora a mis hermanos, y la felicidad, emoción, y satisfacción, que me provoco darles a ellos, fue mayor que la que sentí, cuando yo recibí aquella computadora que tanto había anhelado.

Venia a mi mente lo que escribió el Apóstol Pablo, acerca de lo que el mismo señor Jesús había dicho, que: “Mas bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35).

En la vida siempre estamos rodeados de personas que buscan sus propios intereses, hombres que se acercan a mujeres con el interés de obtener sexo de ellas, sub alternos que se acercan a sus jefes con el propósito de conseguir una promoción o un aumento, y así podríamos seguir enumerando, como dice un dicho popular: Interés, cuanto vales; pero cuantos hay que se acercan a otros “no” con el objeto de recibir, sino de dar algo.

Durante muchos años de mi vida, llegue a sentir cierta frustración porque creía que por mi conducta temerosa de búsqueda de Dios que llevaba, me merecía lo mejor que Dios pudiera darme, yo era hijo suyo, buscaba agradarle en cada momento, y aunque muchas veces me equivocaba, sabia que era o estaba mejor que aquel amigo mujeriego, que jugaba con los sentimientos de una y otra jovencita, o que aquel que los viernes le gustaba emborracharse, o aquel que terminaba un motel con cualquiera que quisiera o pudiera. Me costaba comprender, y me creaba cierta frustración ver prosperar en todo a aquellos que hacían mal y por otro lado ver mi vida limitada.

Yo era un demandante y esperaba algo a cambio de lo que hacia, y no que estuviera del todo mal, porque la Biblia también dice: “que el que se acerca a Dios, crea que le hay, y que El es galardonador de los que le buscan”, (Hebreos 11:6); el problemas es quedarse solo en eso, demandante, y no reconocer que nosotros también podemos ser ofertantes a Dios, de nuestras vidas, de nuestra alabanza y adoración, de nuestras ofrendas y diezmos, de nuestros talentos y mucho mas.

Pero en esa oportunidad, triste, un poco desconsolado, con frustración y no se que más, me acerque al señor y el me hablo por medio de un gran pastor y me dijo: que cuando vivimos nuestra vida esperando siempre recibir, podemos llegar a un punto de frustración, Dios mismo nos enseño que dar es mejor que recibir, el dio a su único hijo por nosotros, y muchas veces no recibe nada bueno de parte nuestra, sino indiferencia y rebeliones; aun así Dios no se frustra por nosotros, como nosotros nos frustramos cuando hemos hecho bien a alguien y nos paga mal.  Por ejemplo: Padres que reciben malos tratos y desobediencias de sus hijos, aun cuando ellos les han dado lo mejor, o parejas que reciben insultos, desplantes y respuestas insolentes de la otra parte, aun cuando ellos o ellas les han dado lo mejor que han podido. Sabes porque Dios no se frustra como lo hacemos muchas veces nosotros, porque Dios disfruta en darnos y quiere que nosotros también aprendamos lo mismo para no frustrarnos en nuestras vidas.

Recuerdo que tuve una novia a la cual quise mucho, podría decir que di mi vida y lo cambie todo por ella, sin embargo, luego de casi 3 años de relación ella termino cambiándome por otra persona, fue muy duro, muy difícil de asimilar, no llore delante de ella, pero si lo hice en mi cuarto a solas delante de Dios. Luego cuando el diablo quería amargar mi vida por lo que me había sucedido, el Espíritu Santo me hizo sentir que la mayor satisfacción que yo podía tener, era haberlo dado todo, luchado con todo por ese amor, y aunque no se haya podido concretar al final, la satisfacción es personal para quien hace bien y da.

Muchas relaciones fracasan porque alguien se frustra al no conseguir lo que esperan de la otra persona. Llegamos muchas veces a nuestras relaciones interpersonales, de amistad, noviazgo o matrimonio, con la idea que la otra persona llene y satisfaga lo que nosotros queremos o necesitamos, pero casi nunca llegamos para ver como nosotros podemos llenar, satisfacer o aportar algo a ellas o ellos. Muchas veces tu puedes sentirte feliz en una relación, porque has conseguido lo que querías, pero que dirá la otra parte de ti, será que puede decir lo mismo, o solo que ha tenido que aguantarte por “X” o Y” motivo, pero que en realidad ese vacio sigue ahí presente esperando a alguien más que lo llene. Que bueno que pudiera decir que has sido de bendición para el o ella, pero esas interrogantes casi nunca cruzan por nuestra mente, sino hasta que la relación se ha roto, es entonces donde comenzamos a preguntarnos el porque de las cosas, pero cuando tuvimos la oportunidad de enmendarlo, lo único que hicimos fue ser egoístas, satisfacernos nosotros mismos, siempre pidiendo, pero nunca con la voluntad de dar algo de nosotros.

Dando es como recibimos dice la Biblia, pero a nosotros nos a costado mucho entender esto, y por eso es que estamos muchas veces como estamos, queremos cosechar donde nunca hemos sembrado, o queremos cosechar manzanas cuando lo que hemos sembrado ha sido higos.

Dios nos ama, y quiere que aprendamos a desprendernos de nosotros mismos para dar y darnos a otros, con ese mismo amor que Dios lo hizo, esa es la mayor satisfacción para nuestras vidas, nosotros tenemos algo que alguien más necesita, y debemos estar dispuestos a darlo.  El amor es dar y no recibir, Dios dio a su hijo unigénito para que tu y yo fuéramos salvos, y el nos dice que el cumplimiento de toda la ley, es amar a Dios con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, y a nuestro prójimo, como a nosotros mismos.

Hoy es un buen día para comenzar a dar tu vida más a Dios y a aquellos que amas. Tú tienes talentos y cosas que solo a ti te ha dado para dar a otros. Cumple el propósito de Dios en tu vida, dando a los demás, Dios te bendiga.

Pastor de Jovenes: Luis Bravo - www.LuisBravo.org

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