Una vez más Babilonia dejaba sentir su violencia cuando Nebuzaradán comandante de la guardia personal de rey Nabucodosor llegó a Jerusalén e hizo estragos la misma. Dentro de los objetivos incendiados estaba el templo, el palacio del rey y las casas de la cuidad, es especial de los líderes más importantes.

La debacle no parecía terminar cuando sus soldados demolieron las murallas que rodeaban a Jerusalén. Estos tomaron cautivos a los sobrevivientes que quedaron en la ciudad y a los desertores que se habían unido al rey de Babilonia. Solamente dejaron en la ciudad un puñado de judíos pobres para que cultivaran los campos y los viñedos.

La mecha del aquel espectáculo atroz continuó ardiendo de manera espeluznante, aquello no parecía tener fin. Los babilonios estaban como locos, se llevaron todo el bronce que encontraron: el de las columnas del frente del templo, el gran estanque de agua, las vasijas, las palas, las tijeras, los cucharones y demás utensilios que se usaban en el templo.

El saqueo continuó, todos corrían de un lado para otro, la gritería era inmensa, quería acabar con todo. Naburazadan aprovechó y se llevó los objetos de oro y plata, como hornillas y tazones. Nadie puede calcular el peso del bronce de las columnas, ni del enorme tanque para el agua ni las bases que el rey Salomón había mandado hacer para el templo.

Para no perder la tónica violenta el jefe de la escolta tomó preso al jefe de los sacerdotes Serayas, a Sofonías sacerdote que le seguía en rango, a tres encargados de vigilar el templo, a uno de los capitanes del ejército, a cinco de los ayudantes personales del rey, al oficial encargado reunir los soldados y a sesenta líderes de pueblo.

Todos fueron llevados a Riblá, territorio de Jamat donde Nabuconodosor, rey de Babilonia ordenó que los mataran. Luego de la barbarie el rey Nabuconodosor eligió a Guedelías hijo de Ahicam y nieto de Safán para que gobernara a la gente que había quedado en Judá.

Cuando los jefes del ejército de Judá se dieron cuenta del nombramiento fueron a ver a Guedelías a Mispá. El grupo lo integraban Ismael hijo de Netanías, Johahán hijo de Careáh, Serehías hijo de Tamhúmet, de Netota y Jaazanías. Al ver el grupo Guedelías los abordó diciendo: “Les juro que si se quedan en el país y sirven al rey de Babilonia todo les irá bien y no tendrán que temer a los oficiales de nuestro ejército”.

No obstante, Guedalías no se imaginaba que al cabo de siete meses de su gobernación iba a ser asesinado por Ismael descendiente de los reyes de Judá que mató también a los judíos y babilonios que lo apoyaban. Cuando ocurre esto toda la gente, desde el más joven hasta el más viejo huyeron a Egipto.

EDWIN KAKO VAZQUEZ

ESCRITOR E HISTORIADOR

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