La novia radiante saludó a sus invitados con una sonrisa brillante al entrar al salón de la recepción después de la ceremonia de casamiento. Con gracia dio vueltas y se movió por el salón mientras la cola de su vestido blanco resplandeciente se movía con fluidez por el suelo detrás de ella y el velo caía como una cascada por la espalda adornada con botones.

Conversaba con cada uno de los invitados y se tomaba el tiempo para mezclarse entre la gente y recibir los elogios.” Te ves absolutamente encantadora”. “Tu vestido es maravilloso”. “Nunca vi una novia más bella”. “Qué ceremonia tan deslumbrante”. Los elogios prodigiosos sonaban uno tras otro. La novia no cabía en sí de orgullo y estaba encantada con la adoración de la multitud. Hubiera podido pasar toda la noche escuchándolos y viéndolos derretirse alrededor de ella. Y eso fue lo que sucedió.Sin embargo, Dónde estaba el novio? Toda la atención estaba puesta sobre la novia y ni una vez ella llamó la atención de alguien sobre su esposo. Ni siquiera notó su ausencia a su lado. Revisé la habitación buscándolo y preguntándome: “Dónde puede estar?”

Al final lo encontré, pero no donde esperaba que estuviera. El novio estaba parado solo en un rincón de la habitación con la cabeza gacha. Mientras miraba con fijeza el anillo en su dedo y le daba vueltas al aro de oro que su novia acababa de ponerle en el dedo, las lágrimas le corrían por las mejillas hasta llegarle a las manos. Fue entonces cuando me llamaron la atención las cicatrices en sus manos. El novio era Jesús.

Esperó, pero la novia no volvió su rostro hacia él ni una sola vez. Nunca lo tomó de la mano. Nunca les presentó a los invitados. Se movía sin depender de él. Desperté de mi sueño con una sensación de náuseas en el estómago. “Señor, así te hice sentir cuando buscaba amor en los lugares equivocados?” Lloré ante la idea de haberlo lastimado tan hondo.Es lamentable, pero este sueño ilustra con exactitud lo que sucede entre Dios y millones de personas en su pueblo. Él se comprometió con nosotros en matrimonio, tomamos su nombre (el de “cristianos”) y luego seguimos adelante con nuestra vida en busca de amor, de atención, de afecto en todas las fuentes que existen bajo el sol excepto en el Hijo de Dios, el amante de nuestras almas.

Ah, cuánto desea Jesús que los que le pertenecemos lo reconozcamos, se lo presentemos a nuestros amigos, nos retiremos para estar a solas con Él, nos aferremos a Él para obtener nuestra identidad, lo miremos anhelantes a los ojos, lo amemos con todo nuestro corazón y nuestra alma.Qué me dices de ti? Tienes esta clase de relación de amor con Cristo?

Experimentas el gozo inexplicable de la intimidad con aquél que te ama con una pasión mucho más profunda, más grande que cualquiera que puedas encontrar aquí en la tierra? Por experiencia propia sé que puedes hacerlo. ESTO ME LO ENVIARON ESPERO QUE ESTO SEA DE REFLEXION

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