En un día caluroso de verano, en el sur de la Florida, un niño de unos 7 años aproximadamente decidió ir a nadar en una pequeña laguna que se encontraba a unos pocos metros de su casa. Muy inocentemente el pequeño corrió hasta el lugar, y al llegar alli, sin ningún tipo de preámbulo, se zambullo en el agua para refrescarse y divertirse al menos por la proxima media hora.
Disfrutando de aquella maravillosa tarde de verano, el niño no logro ver ni darse cuenta en ningún momento, que un terrible cocodrilo, de inmensas proporciones, se le acercaba por detrás
Su madre, que se encontraba lavando los trastos en la cocina de la casa, logro ver a su hijo a través de una ventana, percatándose con horror de lo que sucedía.
Desesperadamente corrió hacia donde se encontraba el niño gritando lo más fuerte que podía, tratando de advertirle del peligro en que se encontraba.
Oyéndola, el pequeño se alarmo y volteándose muy rápidamente, logro ver al enorme animal que se acercaba a el.
Con gran desesperación y desenfreno trato de nadar hacia donde se encontraba su madre, pero cuando hizo esto ya era demasiado tarde.
Al llegar al muelle, la madre logro tomar al niño por sus brazos, en el preciso momento en que el cocodrilo agarraba sus pequeñas piernas.
La mujer, desesperada jalaba determinadamente con toda la fuerza de su corazón, pero el animal era mucho más grande y fuerte que ella. Por dicho motivo, el cocodrilo comenzó a ganar aquella terrible batalla por el pequeño. Con todo amor y pasión, la mujer estaba determinada a luchar por la vida de su hijo, aun a costo de su propia vida.
Un hombre que pasaba por allí al regresar de su trabajo, logro escucho los gritos del niño y de la madre, y de manera apresurada tomo una pistola, corrió hacia el lugar, y logro socorrer al infante, matando al cocodrilo.
El niño logro sobrevivir, y aunque sus piernas sufrieron mucho daño igualmente logro volver a caminar con ayuda de los médicos.
Cuando logro superar el trauma causado por el hecho, un periodista quiso entrevistar al muchachito personalmente, para poder contar al mundo esta tremenda historia, a lo que madre e hijo accedieron gustosamente.
Cuando el reportero le pidió al niño que le mostrara las cicatrices que habían quedado en sus piernas, a causa de las mordeduras producidas por la bestia, este levanto las sabanas de su cama, dejando al descubierto sus piernas y las marcas que habían quedado en ellas.
El periodista observo al niño, comprendiendo lo traumático que era aquella situación para el pequeño, ya que al mostrarle aquellas marcas, el recordaría todo ese horrible momento que le toco vivir. Pero, para su gran asombro, con mucho orgullo y una gran determinación, el pequeño levanto las mangas de su camisa, y señalando las cicatrices que había en sus brazos le dijo: “Las que usted debe de ver son estas…”
Aquellas eran las marcas de las uñas de su madre, que al presionar con tanta fuerza tratando de salvarlo de las fauces del cocodrilo, habían quedado grabadas en su piel.
“Las tengo, porque mi madre me protegió, y no me soltó hasta estar verdaderamente a salvo” le dijo el infante totalmente feliz por poder exhibir, lo que el consideraba eran marcas hechas por amor…
Al igual que aquel niño, también nosotros llevamos cicatrices de un pasado doloroso, que en la mayoría de los casos, deseamos arrancarlo de nuestra mente y de nuestros recuerdos.
Algunas de estas cicatrices, son causadas por gente que nos han lastimado o nos han herido. Otras son causadas por nuestros propios desaciertos y errores, los cuales han terminado lastimándonos a nosotros mismos. Pero hay otro tipo de huellas, y posiblemente sean las más importantes, que son aquellas huellas que Dios ha dejado en nosotros al sostenernos con fuerza cada vez que debimos atravesar un problema.
Son estas huellas las que debemos tener presente día tras día, para evitar volver atrás, y cometer nuevamente los mismos errores.
No salgamos a mostrar al mundo las heridas que los problemas y las dificultades han dejado en nuestras almas, ya que de hacer esto, solo estaremos llevando a aquellos que no conocen a Cristo, más de lo que siempre han conocido. Sino que por el contrario, mostremosle las marcas que el Señor ha dejado en nuestras vidas al salvarnos, al protegernos, y al levantarnos. De esta manera estaremos llevando vida a este mundo, y vida en abundancia en Cristo Jesus Señor nuestro.

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